Sánchez Llibre: el defensor de los poderosos que ahora se queja de las grúas
El presidente de Foment del Treball, Josep Sánchez Llibre, ha vuelto a escena con una crítica tan simplista como reveladora: “no hay grúas en Barcelona”. Una frase que pretende resumir el problema de la vivienda, pero que en realidad evidencia una visión profundamente sesgada de la ciudad y, sobre todo, de a quién sirve.
Porque detrás de ese discurso aparentemente técnico no hay preocupación por el acceso a la vivienda, sino una defensa clara de los intereses inmobiliarios más agresivos.
El silencio cómplice con los fondos buitre
Resulta llamativo —aunque no sorprendente— que Sánchez Llibre critique la falta de construcción mientras evita deliberadamente señalar a uno de los principales responsables del problema: los fondos buitre.
Estos actores han convertido la vivienda en un activo especulativo, expulsando vecinos y tensionando los precios. Sin embargo, desde la patronal que lidera, lejos de denunciarlos, se les protege y legitima bajo el paraguas del “libre mercado”.
Esta postura no es neutral: es una toma de partido clara a favor de quienes entienden Barcelona como un negocio y no como una ciudad para vivir.
Criticar la regulación del 30% de vivienda protegida mientras se guarda silencio ante la especulación masiva no es una casualidad, es una estrategia.
VTC: el mismo patrón, favorecer al gran capital frente al servicio público
La posición de Sánchez Llibre en materia de movilidad sigue exactamente el mismo guion. En lugar de defender un modelo equilibrado, ha respaldado sistemáticamente la expansión de las VTC, un sector dominado en gran parte por grandes plataformas y fondos de inversión.
Este modelo precariza el empleo, desregula el transporte urbano y desplaza al taxi tradicional, que sí está sujeto a obligaciones públicas.
La defensa de las VTC no es, por tanto, una cuestión de modernidad, sino de intereses: abrir la puerta a nuevos nichos de negocio para grandes inversores, aunque eso implique deteriorar el servicio público.
La contradicción: mercado libre para unos, exigencias públicas para otros
El discurso de Sánchez Llibre cae en una contradicción evidente. Por un lado, exige menos regulación en vivienda y movilidad; por otro, reclama resultados inmediatos al Ayuntamiento, como si la ciudad pudiera gestionarse únicamente en función de intereses empresariales.
El alcalde ha defendido que sí existe actividad constructiva en la ciudad y ha subrayado la necesidad de intervenir en un mercado que expulsa a los vecinos.
Pero el fondo del debate no es si hay o no grúas. Es qué tipo de ciudad se quiere construir y para quién.
Barcelona no necesita más grúas, necesita menos especulación
Reducir el problema de la vivienda a la ausencia de grúas es una simplificación interesada. Barcelona no necesita construir sin control; necesita frenar la especulación, limitar el poder de los grandes fondos y garantizar el acceso real a la vivienda.
Y en movilidad, no necesita abrir la puerta sin límites a plataformas privadas, sino proteger un modelo que garantice servicio, regulación y derechos laborales.
Conclusión: una patronal alineada con los intereses equivocados
Las declaraciones de Sánchez Llibre no son inocentes. Forman parte de un relato que busca deslegitimar la regulación pública, blindar los intereses del gran capital y presionar para una ciudad más rentable, pero menos habitable.
El problema no es que “no haya grúas”. El problema es quién está detrás de las que se quieren levantar.

































