Roger Pallarols Regulación para mí, jungla para los demás

La libertad de Pallarols según convenga: cuando la competencia es buena hasta que afecta al propio negocio

Roger Pallarols vuelve a estar indignado. Esta vez no es por el taxi, ni por la Ley del Taxi, ni por la supuesta falta de “libertad de movilidad” que tanto preocupa al Gremio de Restauración cuando Uber necesita ayuda. Ahora el problema son los llamados mercaurantes: supermercados con mesas, sillas y microondas donde los clientes pueden comer platos recién comprados. El Gremio ha denunciado 30 establecimientos de Mercadona por «intrusismo» e incumplimiento normativo, y Pallarols exige que «desaparezcan de la ciudad» y que el Ayuntamiento les sancione. También ha vuelto a atacar las panaderías con degustación, de las que el Gremio dice haber denunciado unas 200 desde el 2019.

Cuando la competencia cambia de significado

Es maravilloso. De repente, el mismo entorno empresarial que cuando habla del taxi nos recita el catecismo de la competencia, la innovación, la libertad de elección y la Barcelona abierta al mundo, descubre que existen normas, licencias, ordenanzas, intrusismo, competencia desleal y necesidad urgente de sanciones. Cuando el sector amenazado es el taxi, es necesario “abrir el mercado”. Cuando el sector amenazado es la restauración, es necesario cerrar la puerta, llamar al Ayuntamiento y, si es necesario, llevar el caso a Fiscalía.

¿No habíamos quedado que es necesario innovar? ¿No habíamos quedado en que la ciudad no puede vivir anclada en gremios del pasado? ¿No habíamos quedado en que el consumidor debe poder elegir libremente entre todos los modelos disponibles? Si una app que precariza a conductores es “modernidad”, ¿por qué un supermercado con microondas no es “innovación gastronómica”? Si Uber es competencia, ¿por qué Mercadona es intrusismo? Si al taxi se le puede llamar “monopolio” para defender una regulación pública, ¿qué es exactamente un gremio que exige que desaparezcan de Barcelona formatos comerciales que le hacen competencia? La respuesta es sencilla: para Pallarols y compañía, la regulación es buena o mala según de qué lado cae la caja registradora.

La batalla de las terrazas y el conflicto con los vecinos

El caso se ve aún más claro si miramos la guerra de las terrazas. La FAVB impulsó una iniciativa ciudadana para revisar la Ordenanza de terrazas con el objetivo de hacer compatible la actividad económica con el descanso, accesibilidad y vida vecinal. El Gremio de Restauración no respondió aceptando un debate sereno sobre el uso del espacio público, sino montando una contraofensiva propia, “Nos vemos en las terrazas”, con una iniciativa ciudadana opuesta a la de los vecinos. La Sindicatura de Greuges de Barcelona constató que había dos propuestas de ordenanza enfrentadas: «Por unas terrazas vecinales», de la FAVB, y «Nos vemos en las terrazas», del Gremio.

Es decir: los vecinos denuncian ruido, saturación, ocupación de aceras, dificultades de accesibilidad e incumplimientos. El Gremio responde con una campaña de fuerza para blindar las terrazas. En la Comisión de Urbanismo de marzo de 2026, la iniciativa de la FAVB quedó rechazada y el Gremio retiró la suya; según la prensa, el gobierno municipal optó por mantener la ordenanza vigente y abrir un espacio de trabajo, pero el resultado político inmediato fue que la revisión vecinal no prosperó.


El Gremi de Restauració de Barcelona denuncia a los Mercadona por intrusismo comercial

El Gremi de Restauració de Barcelona denuncia a los Mercadona por intrusismo comercial

 


El espacio público no es mercado libre

La cosa tiene mucha substancia. Porque las terrazas no son «mercado libre»: son negocio privado sobre espacio público. Las mesas y sillas no flotan en el aire; ocupan aceras, esquinas, plazas y calzadas que pertenecen a todo el mundo. El derecho a dormir, caminar, empujar un cochecito, pasar en silla de ruedas o simplemente vivir en un barrio sin convertirlo en una extensión del bar también forma parte de la ciudad. Pero cuando los vecinos lo recuerdan, el Gremio les trata como enemigos, como si pedir descanso y convivencia fuera una excentricidad antieconómica.

La posición política de Élite Taxi

Aquí es donde Élite Taxi tiene una posición política clara: Élite está con sus vecinos. No con una ciudad convertida en parque temático para lobbies, terrazas infinitas, plataformas depredadoras y negocios que privatizan el espacio público mientras gritan “libertad” cuando alguien les pone límites. Estar en el taxi regulado es estar con un modelo de ciudad ordenada, con servicios públicos, con derechos y convivencia. Estar con Uber y con los lobbies que atacan la regulación es estar con la ley del más fuerte, aunque después pidan inspectores municipales cuando el microondas de Mercadona les molesta.

Bonificaciones, privilegios y memoria selectiva

Y no olvidemos la otra cara del privilegio. Durante años, las terrazas han gozado de un trato fiscal excepcional. La tasa de terrazas tuvo una bonificación del 75% implantada a raíz de la pandemia y prorrogada hasta 2023; el propio Gremio presionó y celebró este tipo de acuerdos con el Ayuntamiento. Más tarde, el Ayuntamiento y el sector negociaron nuevos ajustes para suavizar el impacto de la tasa. Es legítimo ayudar a sectores en crisis, pero entonces hay que tener algo de vergüenza antes de acusar al taxi de «privilegiado» para defender una regulación pública.

El doble rasero de la regulación

El patrón es siempre el mismo. Cuando se trata de terrazas, el Gremio defiende concesiones sobre espacio público, bonificaciones fiscales, negociación directa con el Ayuntamiento y protección ante las quejas vecinales. Cuando se trata de mercaurantes, exige sanciones contra Mercadona por intrusismo. Cuando se trata de panaderías con degustación, pide mano dura porque considera que operan como bares encubiertos. Pero cuando se trata del taxi, el mismo criterio desaparece: si Uber opera como taxi encubierto, si las VTC realizan transporte urbano sin asumir las mismas obligaciones, si una plataforma global presiona para reventar una ley democrática, ya no es intrusismo, sino “innovación”. Esto no es liberalismo. Es gremialismo selectivo con discurso neoliberal de fin de semana.


¿'Ande andarán' Sánchez Llibre, Cottet y Pallarols?

¿’Ande andarán’ Sánchez Llibre, Cottet y Pallarols?

 


El paralelismo entre Mercadona, las VTC y el taxi

La ironía es que Pallarols entiende perfectamente el problema cuando le toca a él. Entiende que una diferencia de licencia importa. Entiende que no es lo mismo un restaurante que un supermercado con mesas. Entiende que una actividad puede parecer similar a otra pero tener obligaciones distintas. Entiende que si un operador entra por una puerta reguladora más laxa puede hacer competencia desleal a quienes cumplen requisitos más estrictos. Perfecto. Bienvenido al mismo argumento que el taxi hace contra Uber desde hace años. Si un mercaurante es intrusismo contra la restauración, una VTC que funciona como taxi urbano es intrusismo contra el taxi. Si una panadería con degustación puede ser competencia desleal cuando actúa como bar sin asumir todas las cargas de un bar, una plataforma que sirve de taxi sin asumir las obligaciones del taxi también es competencia desleal. Si el Ayuntamiento debe proteger los restaurantes de formatos híbridos que desdibujan licencias, también debe proteger el taxi de las plataformas que desdibujan el transporte público regulado.

¿Qué significa realmente Barcelona Oberta?

Por eso la palabra “Barcelona Oberta” cada vez suena más vacía. ¿Abierta a qué? Abierta en Uber, pero cerrada en Mercadona. Abierta en las VTC, pero cerrada en las panaderías con degustación. Abierta a ocupar aceras, pero cerrada a escuchar a los vecinos. Abierta a la innovación cuando precariza el taxi, pero cerrada con cerradura y cerrojo cuando alguien calienta una bandeja de comida preparada y amenaza el margen del menú del día. El lema real no es Barcelona Oberta. Es Barcelona Oberta hasta que me tocan el negocio.

El fondo político del conflicto

Y éste es el punto político de fondo: el Gremio de Restauración no defiende una teoría general de la libertad económica, ni de la innovación, ni de la ciudad abierta. Defiende su pedazo. Lo defiende contra los vecinos cuando los vecinos piden descanso. Lo defiende contra Mercadona cuando Mercadona hace restauración de baja intensidad.

Lo defiende contra las panaderías cuando las panaderías le disputan consumo. Pero cuando el taxi defiende su marco regulado frente a una multinacional que quiere ocupar su espacio, el Gremio se pone del lado de la multinacional y acusa al taxi de corporativista.

No hace falta ser muy sofisticado para ver la hipocresía. Basta con mirar quién pide regulación, cuándo la pide y contra quién la pide.

Las preguntas que siguen sin respuesta

Quizás lo mejor que le podría pasar a este debate es que Pallarols explicase públicamente por qué un supermercado con microondas es intrusismo, pero Uber no. Porque una panadería con cuatro mesas es competencia desleal, pero una VTC haciendo de taxi urbano es libertad de movilidad. Por qué los vecinos que defienden el descanso son un estorbo, pero los restauradores que defienden sus licencias son garantes de la ciudad. Por qué las terrazas merecen bonificaciones y espacio público, pero el taxi no merece una ley que le reconozca como servicio de interés general.

Hasta que esto no responda, todo el discurso quedará reducido a una frase: regulación para mí, jungla para los demás.

Y desde el taxi, al menos, la respuesta debería ser clara: si hablamos de ciudad, hablemos de todos. De los trabajadores, usuarios, vecinos, descanso, espacio público y servicios regulados. No sólo de las terrazas, lobbies y cuentas de resultados.