Ozono troposférico: qué es, por qué aumenta en verano y cómo puede afectar a la salud
Desde el 15 de mayo hasta el 15 de septiembre se activa la campaña de vigilancia de los niveles de ozono troposférico, un contaminante que tiende a incrementarse durante los meses de verano. Este aumento se debe a la combinación de alta radiación solar, temperaturas elevadas y variaciones en las emisiones de contaminantes como el dióxido de nitrógeno (NO₂), que suele disminuir en periodos de menor tráfico como fines de semana o vacaciones.
El ozono troposférico se forma mediante una reacción fotoquímica entre los óxidos de nitrógeno (NOx), los compuestos orgánicos volátiles (COV) y una exposición prolongada a la radiación solar. Este proceso explica por qué sus concentraciones son más elevadas en verano, cuando las condiciones atmosféricas favorecen su formación.
Es importante no confundirlo con el ozono estratosférico, que se encuentra en las capas altas de la atmósfera y actúa como barrera natural frente a la radiación ultravioleta del sol.
Efectos sobre la salud
La exposición a niveles elevados de ozono troposférico puede provocar irritación de ojos y garganta, tos y sensación de sequedad, además de agravar los síntomas en personas con asma u otras enfermedades respiratorias crónicas.
La presencia continuada de este contaminante también se asocia a un mayor riesgo de desarrollar patologías respiratorias como el asma o la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), así como a una reducción de la función pulmonar.
Grupos de mayor vulnerabilidad
Entre los colectivos más sensibles a los efectos del ozono se encuentran las personas con enfermedades respiratorias o cardiovasculares, las personas mayores, los niños en edad preescolar y las mujeres embarazadas. En estos casos, se recomienda especialmente evitar la práctica de ejercicio físico intenso al aire libre cuando los niveles de ozono son elevados.

































