Perú decide en segunda vuelta entre Fujimori y Sánchez en un clima de voto del “mal menor”
Perú vuelve a las urnas este domingo en una segunda vuelta presidencial que enfrenta a dos figuras que representan corrientes políticas opuestas y fuertemente arraigadas en el país: el fujimorismo conservador de Keiko Fujimori y el denominado “castillismo” representado por Roberto Sánchez. Ambos candidatos compiten en un contexto de alta fragmentación electoral y con una estrategia común: atraer al electorado de centro tras haber moderado sus discursos durante la campaña.
La cita electoral se produce con el peso reciente de los gobiernos de Alberto Fujimori y Pedro Castillo, cuyas etapas siguen muy presentes en la memoria del electorado y condicionan el debate político actual.
Una primera vuelta fragmentada y sin mayorías claras
La primera ronda de votaciones, celebrada el pasado 12 de abril, estuvo marcada por una participación altamente dispersa, con hasta 35 candidaturas presidenciales, una cifra inédita en la historia del país. Esta atomización del voto impidió que ningún aspirante superara siquiera el 20%, haciendo inevitable una segunda vuelta.
El proceso de conteo fue especialmente prolongado, con casi un mes de espera hasta que el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) confirmó oficialmente los resultados el 17 de mayo. En esa proclamación se estableció que Fuerza Popular, liderado por Keiko Fujimori, y Juntos por el Perú, con Roberto Sánchez, eran las fuerzas más votadas.
Fujimori obtuvo alrededor del 17% de los votos (unos 2,8 millones), mientras que Sánchez alcanzó aproximadamente el 12% (algo más de dos millones), en una remontada ajustada frente a otros aspirantes, con diferencias mínimas de apenas decenas de miles de sufragios.
El voto del “rechazo” y la búsqueda del electorado de centro
Con más del 70% del electorado sin haber votado por ninguno de los dos finalistas, el escenario de la segunda vuelta se define como una contienda donde el voto de adhesión ideológica pierde peso frente al voto de rechazo.
Analistas políticos apuntan a que en Perú predomina una lógica del “mal menor”, donde los ciudadanos tienden a votar más por evitar al rival que por convicción plena. En este contexto, ambos candidatos han ajustado sus mensajes para ampliar su base hacia sectores moderados.
El alto número de candidaturas en la primera fase se atribuye también al diseño del sistema político y electoral, que ha facilitado la fragmentación del voto y permitido que opciones con apoyos relativamente bajos accedan a la segunda vuelta.
Fujimorismo y castillismo: dos herencias políticas en disputa
Tanto Keiko Fujimori como Roberto Sánchez han construido sus campañas sobre la base de figuras políticas anteriores muy influyentes y polarizadoras. En el caso de Fujimori, su discurso se vincula directamente al legado de su padre, Alberto Fujimori, expresidente del Perú entre 1990 y 2000.
En el caso de Sánchez, su candidatura se presenta como una continuidad simbólica del expresidente Pedro Castillo, quien gobernó entre 2021 y 2022.
Ambos referentes históricos están marcados por fuertes controversias políticas y judiciales, lo que refuerza la polarización del actual proceso electoral.
Votación de la comunidad peruana en Barcelona con mejor organización
En paralelo al proceso electoral en Perú, la comunidad peruana residente en Barcelona también participa en la jornada de votación desde el exterior. En esta ocasión, el sufragio se está llevando a cabo en el pabellón 2 de la Fira de Barcelona Montjuïc, dentro de Fira Barcelona.
La organización del proceso ha sido destacada por los asistentes como notablemente más ágil y ordenada que en la primera vuelta, cuando se registraron mayores tiempos de espera y algunas incidencias logísticas. En esta segunda cita, el desarrollo del voto se ha realizado con mayor fluidez, facilitando la participación de los electores peruanos residentes en la ciudad.
Un país decisivo ante una elección polarizada
Con 27 millones de ciudadanos llamados a las urnas, Perú se enfrenta a una elección clave para definir su rumbo político durante los próximos cinco años. En este contexto, la disputa entre Fujimori y Sánchez refleja no solo dos proyectos políticos, sino también dos visiones contrapuestas de la historia reciente del país, que continúan influyendo de forma determinante en el comportamiento del electorado.
































