¿Qué nos queda?
Cuando en mis formaciones me preguntan cuáles son los retos, siempre respondo: aprendan a verificar, hagan sus propias comprobaciones, manejen fuentes distintas, entrenen su intuición y creatividad, cultiven el buen hábito de seleccionar con criterio. Dediquen tiempo a cada acción. Nunca den nada por hecho. No subestimen a nada ni a nadie. Y, sobre todo, tengan una base previa -la mejor y más actualizada posible- para que les ayude a mantener el control. Si ustedes nunca han conducido no caigan en la tentación coger un coche de conducción autónoma, ni siquiera si les permitieran poder hacerlo.
La tecnología es extraordinaria, su evolución nos hace estar despiertos porque va hacia donde no podemos ni imaginar. En el campo de la comunicación en salud lleva nuestros proyectos artísticos a tener un alcance mayor, nos puede servir para dar nuevos significados y aportar una experiencia donde prevalece la utilidad más allá incluso que la propia estética y la dimensión creativa. Siempre a través de nuestro sello personal. Único.
La comunicación de la salud como reto
La tecnología aplicada a la comunicación en salud debería evitar es ser una moda. Si algo caracteriza al conocimiento científico es justamente el método, la especialización, la verificación, el carácter acumulativo. Hacer que la comunicación en salud sea un valor abierto, entendible y medible, sobre todo perdurable, pasa necesariamente por la creatividad, la conciencia y la implicación humana, que hoy tiene la fortuna de contar con un despliegue tecnológico en plena euforia.
En esta era de expansión -o más bien ya adaptación, adopción y aceptación- digital, en muchas ocasiones se plantea si la conciencia es imperativa en la creatividad, una pregunta que me han hecho en multitud de ocasiones a los largo de los años. Mi respuesta siempre es la misma: depende.
Considero menos cuestionable -incuestionable en realidad- la necesidad de comunicar bien. Cuando somos incapaces de ello, viene el desastre. Cuando comunicamos salud en el caos digital, el riesgo de convertir la utilidad en moda, en agenda o en guion de campaña es alto. Adentrarnos en ese reto, sí exige una conciencia despierta y consecuente.

El erudito universal: descentralizado
La tecnología puede hacer que bajemos la guardia, sin duda. Cuando me preguntan si la tecnología nos va a sustituir, con total honestidad, respondo que ya lo viene haciendo desde hace años y sin ruido. Hoy, la tecnología nos permite crear proyectos extraordinariamente complejos y visualmente impactantes, técnicamente posibles en apenas segundos y, además, por cualquier usuario con un mínimo de curiosidad. Quizás llegue el día en que no necesitemos a nadie, pero ese día no garantiza que hayamos superado el extraordinario reto de seleccionar con criterio, establecer metodología con utilidad y crear con continuidad. Quizás las ideas sobrevivan y hasta nos puedan salvar.
No todas las fórmulas magistrales se pueden automatizar ni controlar, aunque sí es cierto que la tecnología cada día pone más el foco en lo popular frente a lo academicista. El poder del erudito universal, el gatekeeping institucional, el agente validador, se diluye y va abriendo nuevas formas de crear, comunicar y formar parte de manera más descentralizada y con un futuro imprevisible. Un futuro que no debemos subestimar.
Quizás en algún momento, todos podremos hacer casi todo con las tecnologías ya a nuestro alcance, -o hacer más de lo mismo, pero hacerlo-. Quizás todos podremos tener mayor acceso a la información -veraz o interesada-. El acorralamiento es tan radical, se ha ejecutado con un golpe tan directo y rápido, que quizás no nos damos ni cuenta. Pero ya está aquí y marcar la diferencia, innovar, sorprender y generar originalidad cuesta cada vez un poco más. Quizás lo imprevisible se reduzca al don de la palabra y a nuestra propia capacidad para comunicar con ella, a través de una obra que traslade nuestro estilo propio, consciente, reconocible, vivo e insustituible.
La palabra subordinada a su utilidad
En el ámbito de la comunicación en salud, en muchas -muchísimas- ocasiones la palabra acaba subordinada a su utilidad partidista más allá de la búsqueda y difusión de conocimiento puro, sin más. Asumimos la transición del conocimiento útil al eslogan de impacto efímero, sin apenas reparar en la importancia de los contenidos que estamos manejando.
En muchas -muchísimas- ocasiones prevalece más nutrir la agenda-escaparate, competir por titulares sobre innovación -seguramente ya inventada-, o en ajustar enfoques de gobernanza sin reparar en los elementos que estamos asumiendo en nuestra comunicación.
No reparamos ni siquiera en distinguir la información, de la divulgación o del marketing -la palabra velada y a veces también vetada-. Olvidando que nos dirigimos a un público, soberano, quizás muy consciente de ser protagonista de una época que gira entre la desintermediación absoluta y la desinformación absoluta

El arte como refugio
En este contexto, probablemente, el arte aún puede ser un refugio para comunicar y la tecnología nos puede servir también para dar significado, contexto y utilidad a la comunicación en salud, expandiéndola y haciéndola participativa.
Cuando me preguntan por qué uso la tecnología en mis obras, siempre respondo: hace que te pares y preguntes. Y ese momento es clave. La tecnología me permite apoyarme en sus posibilidades de activación y reinvención para conectar con el público. ¿Esto qué es?, ¿esto para qué sirve?, ¿esto cómo se hace?, ¿esto cómo continua?, etc. Quizás en algún momento estén tan asumidas las respuestas que el público ya no se pare

Aplicar la conciencia para conseguir los resultados
Hoy estamos viendo una transformación hacia modelos de automatización capaces de sustituir por completo la experiencia y unicidad de los profesionales. Convirtiendo procesos complejos en sencillos e inmediatos. Es una realidad. Y cuando todo parece tener el mismo valor y parece que está todo inventado, incluimos en el discurso la democratización del arte y de la ciencia, incluyendo la salud en el mismo programa-escaparate. Invitando al espectador a eventos inmersivos, que son -incuestionablemente- una potente y extraordinaria herramienta de marketing donde se pueden -se deben- implementar criterios propios de esta disciplina: captación, retención, medición, actualización y conversión, valores absolutamente aplicables al campo de la divulgación de la ciencia y de la salud, siempre que la visión estrategia sea exactamente esa: la divulgación de la ciencia y de la salud.
Conocer el proceso creativo, crear con intención y conciencia, debería suponer también conocer y aplicar esa estrategia con criterio. Ahora sí, dominando aquello de lo que hablamos. Aplicar la tecnología al arte para la comunicación y la divulgación de la salud implica conocer el lenguaje del arte, las dinámicas de la tecnología y las reglas de la comunicación y la divulgación en salud, esa experiencia y conocimiento difícilmente se pueden conseguir a través de alternativas automatizadas, por que ahí aplicar la conciencia es imperativo para conseguir los resultados.
Houda Bakkali centra su actividad profesional en la convergencia entre el arte y la tecnología aplicados a la comunicación en salud, la divulgación científica y cultural, desarrollando una trayectoria multidisciplinar que abarca el arte digital desde 2008 y la comunicación científico-médica desde 2009.
Su actividad educativa comprende desde entrevistas con especialistas y contenidos editoriales hasta tecnología educativa (edtech), talleres, conferencias y narrativas multimedia, desarrollando formatos inmersivos basados en la realidad aumentada, la realidad virtual y la realidad extendida.
Su metodología de arte, divulgación y formación ha llegado a más de 30 países de los cinco continentes. Su proyección global se consolida mediante colaboraciones con instituciones internacionales, universidades y organizaciones culturales.
Asimismo, ha llevado experiencias interactivas e inmersivas pioneras a espacios públicos y entornos no convencionales, como aeropuertos internacionales y centros cívicos.
Entre sus hitos internacionales, destaca que en 2021 fue invitada por la revista TIME a participar en su primera plataforma de creadores Web3. En 2018 recibió el New Talent Award en el Festival International Artistes du Monde de Cannes, siendo la única artista que expuso una obra íntegramente digital. En 2020 presentó en Montecarlo el único lienzo físico integrado con realidad aumentada en la primera feria de arte contemporáneo celebrada tras el confinamiento.
Sus contribuciones a la narrativa visual y la sensibilización sobre temas de salud han sido reconocidas por instituciones creativas de Nueva York, Cannes, París y Londres. Su trayectoria incluye 5 American Illustration Awards, 4 Graphis Silver Awards y reconocimientos en los International Motion Awards de Nueva York.
En el ámbito específico de la salud, su trabajo recibió la Mención de Honor en los DNA Paris Design Awards en 2026 y dos American Illustration Awards en Nueva York, en 2024 y 2026, por sus obras dedicadas a la sensibilización sobre el cáncer de mama mediante la unión del arte y la tecnología.
Su identidad visual se distingue por el uso de figuras femeninas expresivas en homenaje a su madre, a través de colores vibrantes y composiciones florales.

















La comunicación de la salud como reto














