“La ciencia debe integrarse en la sociedad como un principio básico”
Entrevista al Dr. Josep Brugada
En la era de la inteligencia artificial, la comunicación y la divulgación médica se enfrentan a nuevos retos, pero también a nuevas oportunidades. La información circula de forma vertiginosa por múltiples canales, lo que exige cada vez más un abordaje analítico, profesionalizado, ético y responsable.
Sobre el impacto de las nuevas tecnologías en la divulgación médica, la importancia de la comunicación en salud y el rol clave de la educación temprana en la prevención, conversamos con el Dr. Josep Brugada, referente mundial en cardiología, catedrático de Medicina, consultor sénior del Hospital Clínic de Barcelona y director de la Unidad de Arritmias Pediátricas del Hospital Sant Joan de Déu. Reconocido por describir el Síndrome de Brugada, ha sido pionero en la aplicación de técnicas avanzadas para el tratamiento y prevención de enfermedades cardíacas. Su labor investigadora y divulgativa se refleja en más de 500 artículos científicos y numerosos reconocimientos internacionales.
Hace unos años me comentaba que “la comunicación en salud no es algo sencillo”. ¿Cómo lo ve hoy, con el impacto de la IA y las redes sociales?
Lo veo como una gran oportunidad, pero también como un riesgo. La IA puede ser muy útil si la controlamos y verificamos que la información que genera es verídica. Pero también hay que ser muy conscientes del papel de las redes sociales como fuente de desinformación, especialmente en salud.
Los bulos pueden ser terroríficos y no solo provienen de usuarios sin formación, sino también de figuras públicas. Hemos visto ejemplos recientes, como en el Ministerio de Salud de EE.UU., donde información absolutamente falsa circula libremente, sin rigor científico. Por eso, necesitamos herramientas que nos permitan verificar y filtrar todo lo que se difunde.
Profesionalizar la divulgación médica en tiempos de IA, ¿Qué retos tenemos por delante?
Contar con profesionales dedicados a comunicar con rigor científico. Gente formada que no solo entienda la ciencia, sino que sepa cómo comunicarla de forma ética y clara. Es fundamental establecer cortafuegos que impidan la difusión de desinformación, y dejar muy claro qué es ciencia comprobada y qué no lo es.
“Es muy importante que la gente entienda lo que es ciencia y lo que es opinión”
La ciencia es para la sociedad, pero a veces parece lejana. ¿Cómo integrarla en nuestro día a día?
Debemos acercar la ciencia a la sociedad, pero también enseñar a distinguir entre ciencia y opinión. No puede ser que la ciudadanía se informe por tertulianos que opinan de todo, mientras que a los científicos se nos vea como lejano o inaccesible.
Es responsabilidad del científico traducir bien la información, sin exagerarla, sin buscar fama. La clave está en comunicar con honestidad y claridad.
¿Cómo convertir la ciencia en una moda que no pase de moda?
Hay que mostrar que la ciencia avanza paso a paso. No todo descubrimiento cambia el mundo, pero cada paso cuenta. También debemos transmitir la pasión por la ciencia a los jóvenes, que vean en ella algo emocionante, útil y que contribuye profundamente a la sociedad.
La ciencia ha logrado avances impresionantes en las últimas décadas gracias a la colaboración de personas brillantes. Debemos fomentar ese espíritu y contagiarlo.
En la era de la IA, los pacientes están más informados. ¿Qué riesgos y ventajas trae esto?
La participación activa de pacientes y familias es positiva. No debemos tener miedo a que lleguen informados a la consulta, con preguntas. Eso es bueno. El problema surge cuando esa información proviene de fuentes erróneas o no verificadas.
Nuestra responsabilidad es marcar la diferencia entre lo científicamente probado y los bulos. Hemos pasado de una medicina paternalista a una medicina participativa, donde el paciente tiene el derecho y deber de informarse, siempre guiado por un profesional.
¿Cuáles deben ser los pilares de la divulgación médica hoy?
Ciencia, ciencia y más ciencia. Información basada en evidencias, en resultados contrastados. Hay que alejarse del espectáculo, de tertulias sin rigor, y huir de las redes sociales como fuente principal de información científica.
La divulgación debe ser ética, profesional y con un alto estándar de veracidad.
En materia de cardiología, ¿Qué retos enfrentamos en la comunicación para la prevención?
Llevamos más de 40 años repitiendo mensajes clave: no fumar, hacer ejercicio, cuidar la alimentación, evitar la sal, controlar el azúcar… Y, aun así, sigue habiendo resistencia y desinformación.
El reto principal está en la educación desde la infancia. Que los jóvenes salgan del colegio con una base sólida en salud y prevención, que no se discuta. Que sea tan fundamental como saber leer o escribir.
Solo así lograremos cambios reales. Intentar modificar hábitos en adultos es mucho más difícil, salvo en quienes ya han tenido un problema y se arrepienten. La prevención debe integrarse en el sistema educativo como un pilar esencial.



































