Haciendo el amor con la música: una declaración de intenciones sicalíptica
El espectáculo de Tery Lazar este domingo en la Sala Or se presentó como una verdadera oda a la sexualidad y a la música. Una celebración de dos de las experiencias más intensas y transformadoras que puede vivir el ser humano.
Pero aquí no hablamos del sexo como producto de consumo rápido, sino de la reivindicación del amor consciente, la conexión emocional y la intimidad como ejes centrales del encuentro entre cuerpos y almas. Un mensaje que, en tiempos de superficialidad sentimental, se vuelve casi revolucionario.
La voz majestuosa de Tery Lazar no buscaba exhibirse, sino conmover. En cada nota, en cada gesto, buscó recordar que «hacer el amor» significa mucho más que un acto físico: implica respeto, vulnerabilidad, ternura y presencia con el otro.
Una experiencia sensorial que va directa al corazón
La propuesta fusionó soul, jazz moderno, pop rock y ritmos cálidos que viajaban desde lo terrenal a lo espiritual. La Sala Or, con su ambiente íntimo, luz tenue y complicidad compartida, se convirtió en un espacio donde la música no solo se escuchaba: se respiraba.
Más que un show, fue un ritual emocional. Una invitación a sentir el deseo sin máscaras, sin prisas y sin la banalización que hoy parece dominarlo todo.
El amor como discurso, más allá de la estética
En un contexto social en el que la hiperestimulación y la sobresexualización lo invaden todo, Tery Lazar plantea una alternativa: el afecto y el deseo como fuerzas que conectan, transforman y sanan.
Es una defensa del amor sin moralismos, un recordatorio de que la intimidad auténtica no se vende ni se interpreta: se vive. Y esa es la verdadera esencia de este espectáculo.
Lo que significa un show así hoy
Quizá lo más valioso de la noche fue su capacidad de detener el tiempo y recordarnos que somos seres sensibles, necesitados de afecto y de conexión real en un mundo que corre demasiado.
“Hacer el amor” —como proclamó Tery sobre el escenario— es una elección consciente, un arte que combina cuerpo y espíritu, una experiencia que solo tiene sentido cuando se comparte desde la
verdad.
Este espectáculo dejó claro que la música puede ser el vehículo perfecto para recuperar ese significado profundo del amor. Y cuando se entrega con la pasión y la sensibilidad que mostró Tery Lazar, el resultado es un viaje íntimo y liberador que permanece mucho más allá del último aplauso.
En la Sala Or no solo hubo un concierto: hubo una declaración de amor a la propia vida.



































