Un hallazgo arqueológico en el Gòtic redefine el foro de la Barcelona romana

Un pavimento romano descubierto en el Gòtic obliga a revisar el corazón de la antigua Barcino

Las obras de ampliación del Gran Hotel Barcino, situado en el número 3 de la calle de Hércules, en pleno barrio Gòtic, han revelado uno de los descubrimientos arqueológicos más relevantes de las últimas décadas sobre la Barcelona romana.

En el subsuelo de la histórica Casa Requesens ha aparecido un pavimento monumental de piedra de Montjuïc, fechado en el momento fundacional de la colonia y vinculado directamente al foro de la antigua Barcino.

El conjunto, extraordinariamente bien conservado y de una calidad hasta ahora inédita en la ciudad, ofrece nuevas claves que obligan a replantear la configuración del centro neurálgico de la colonia romana.

Un giro de 90 grados en la lectura del foro

Como en otras ciudades romanas, Barcino se organizaba a partir de dos grandes ejes viarios que estructuraban la trama urbana: el cardo, con orientación norte-sur, y el decumanus, en sentido este-oeste. Hasta el momento, la interpretación predominante situaba el foro alineado con el cardo.

Sin embargo, la nueva evidencia arqueológica indica que el pavimento monumental se disponía paralelo al decumanus, lo que supone un cambio radical en la comprensión urbanística del núcleo central de la colonia, con un giro de 90 grados respecto a la hipótesis aceptada hasta ahora.

Restauración e integración patrimonial

Tras la intervención, los restos han sido cuidadosamente restaurados e incorporados a un espacio museizado que permite recorrer de forma continua la evolución histórica del enclave, desde el siglo I hasta el siglo XX. Esta integración garantiza tanto la conservación del patrimonio como su difusión pública.

El hallazgo ha sido posible gracias a una circunstancia poco habitual en intervenciones realizadas en edificios privados: la aparición inesperada de un conjunto arquitectónico de gran relevancia y la posterior adaptación del proyecto para preservar íntegramente los vestigios y hacerlos visitables.

La colaboración entre el ámbito público y el privado ha permitido así abrir una nueva ventana al pasado fundacional de Barcelona, asegurando que estos restos excepcionales queden incorporados al futuro del edificio y al patrimonio histórico de la ciudad.